viernes, 19 de diciembre de 2008

La culpa materna como posibilidad de reparación

Muchas veces se experimenta culpa en relación a como se ha actuado o a lo que se siente respecto de los hijos. El mirar las acciones y sentimientos de manera sincera y genuina, otorga una la posibilidad de conocer lo que ocurre internamente con los hijos. Es importante que estos pensamientos y emociones se encaminen a una posición reflexiva, que abra la posiblilidad de cambio.

No se trata de observarse como madre para enjuiciase. La idea es realizar un trabajo comprensivo que despierte los sentimientos amorosos, hacia si mismo, pues son éstos los que darán la fuerza necesaria para enfrentar lo que se siente como un error en la relación con los hijos y genera culpa.

La capacidad de experimentar culpa es propia de la mente humana y es necesario entenderla como una herramienta que abre camino a la reparación. Se puede describir lo que sucede con la culpa como una lucha entre dos aspectos de nuestro mundo interno. Una parte, la consciente, permite el reconocimiento de que se ha actuado (o pensado) mal. Esa es la parte que involucra nuestro razonamiento y la capacidad de ponernos en el lugar del otro.

Y está el otro aspecto, menos consciente (o inconsciente), el de las experiencias y valores incorporados en la niñez , donde residen los ideales en cuanto al tipo de madres que deberíamos ser, que es una madre idealizada, y que a veces se transforma en el juez más exigente y cruel.

A veces los sentimientos de culpa son tan poderosos que las madres buscan, inconscientemente, "pagar" por el daño que, real o imaginariamente, han provocado y se castigan muy severamente.
El dolor mental que provoca el posible daño causado a los hijos puede ser fuente de crecimiento o deterioro. Si la culpa es utilizada sólo para la recriminación está siendo utilizada destructivamente, pues se trata de que ésta ponga en marcha la creatividad para generar cambios en la relación con los hijos.

Ahora bien, la reparación en la relación con los hijos pasa por hacerse cargo de la limitación propia, tomar conciencia de que la mamá no es omnipotente, de que es un ser lleno de limitaciones y que no puede hacer más que lo en ese momento pudo hacer. Es a partir de ahí que, en la mente, se puede indagar en las distintas alternativas de reparación.
Mostrarse como una madre que puede reconocer los errores, sentir culpa y, desde ahí reparar, sin que esto implique generar un fuerte auto reproche, puede ser de gran utilidad para los hijos, pues permite utilizar la culpa como fuente de reparación.